El fantasma de las 2:48
Mi abuela era una de esas personas que coleccionan cosas cursis. Su colección más preciada consistía en 236 tazas con los nombres de las ciudades que habia visitado durante su vida. Digo “consistía” (en pasado) porque ahora esa colección no está completa; más adelante les contaré qué fue lo que sucedió con tan bello y valioso acervo.
Desde que tenía 16 años, mi abuela se dedicó a comprar una taza por cada viaje que realizaba, su colección llegó a 236 cuando a los 87 años decidió que no viajaría más por su salud. A los 88, mi abuela murió. Dicen que fue de cáncer, pero yo pienso que murió porque dejó de viajar.
En su testamento no había nada de valor para mí. Quizá por ser el nieto más pequeño, lo único que me dejó fue su colección de tazas. Yo tenía 14 años entonces. 10 años después me fui a vivir solo y fue ahí cuando los problemas comenzaron.
Una noche hice una fiesta en mi departamento de soltero, entre el ruido de la música, los colados y la borrachera, sin saber cómo, 54 tazas terminaron quebradas en el suelo. Fue una pena, sin embargo el problema que me motivó a escribir esta historia no es ése, pues la colección de mi abuela no era realmente importante para mí.
Desde el suceso en aquella fiesta, no he podido descansar ni una sola noche, pues el fantasma de mi abuela se aparece justo a las 2:48 de la madrugada (hora aproximada en la que las tazas cayeron al suelo) y me dice que si no recupero las piezas perdidas de su colección no me dejará dormir nunca más.
¿Qué haría yo con un año de vuelos gratis con Volaris? ¡Recuperar mi vida! ¡Volver a dormir tranquilamente! Viajaría a cada una de las ciudades de las tazas rotas para volver a completar la valiosa colección de mi abuela y así... liberarme de ese espírituo canoso que me acosa todas las noches.